Cerca del centro de la noche y próximo el conticinio una gran parte de los artistas plásticos se aplican en formalizar la imagen del silencio, la calma circundante, la quietud de todo hecho y el transcender a lugares innominados. Se trata de acceder a un momento mágico y extremadamente sensorial, a la enormidad inabarcable de la negritud del aparente vacío de la noche, del silencio y quietud sobrecogedores, y en esa disposición abstracta el sólo nosotros con nosotros es tan intenso, tan pleno e insondable que la razón se aumenta a menudo, también la pulsión de ser, incluso la consciencia del instante.

En Pedro Losa, todo esto, es la referencia a sus muchas horas que vivió encerrado a decenas y decenas de metros en la hondura tenebrosa y azabache de debajo de la tierra arañando carbón horas y horas en el fondo de los viejos e inhóspitos túneles de las maltrechas minas de Asturias.

Y si la noche encierra ese tesoro valiosísimo y fundamental del sentir, también lo contiene el hábitat donde discurre la cotidianeidad de cada artista al inducirle e inspirarle sus discursos iconográficos en sus disquisiciones teóricas y en sus abundamientos espirituales.

Lo referido más arriba pretende responder a la esencia personal e íntima de Pedro Losa. Todo esto, que es mucho en él y de él y de su obra, y en la transcendencia fundamental en la transición de su espíritu y en su comportamiento ante las culturas de la paz y la armonía como el zen, las proporciones cuánticas y las informaciones de las culturas recónditas a través de sus pictografías y representaciones ideográficas, son algunas de las revelaciones por las que podemos acceder al alma de este artista asturiano.

Pedro Losa abundando en esta intención de búsqueda, denomina a sus obras como geocromías, un punto de encuentro entre la geometría y el cromatismo en un equilibrio entre ambos; se basa en la teoría de las energías y en concreto en la teoría de la percepción cuántica, y por definición en la teoría de cuerdas y bucles, geometrías sagradas y sólidos platónicos.

La obra de Pedro Losa contiene esas presencias ausencias, evanescentes como las sombras de la noche, como la noche misma, o como la luz del día, o como la espuma de las olas. En cualquier caso una obra donde lo espiritual, lo ignoto, la energía, esto es lo intangible, convive inevitablemente con la pugna perenne entre razón y teoría, ideas, pensamientos.

En Pedro Losa se juntan estas vertientes del espíritu y de su experiencia sensorial venida desde sus tiempos de aislamiento en las entrañas de la tierra con su enorme silencio y su entorno siempre abstractos. De ahí la fuerza y el peso de su trabajo de siempre, colmado de conceptos y tangibilidad cromática; tan subyacentes y abismales y tan pletóricos por inescrutables.

El mar, el gris de la tarde, la lluvia, las sombras, el alba, los blancos y los negros, los órdenes de la psique, el símbolo de Om,…

← Volver a Textos